jueves, 8 de noviembre de 2012

CRISIS

A alguien (oigo) le ha caído un millón de euros (el euromillón). Comentario: para ése se acabó la crisis. ¿Se acabó? ¿O empieza? ¿De qué crisis hablamos? ¿O es que no hay más crisis que la CRISIS? Que no es otra que la quiebra de un sistema inhumano, feroz, detestable, llamado capitalista y fundado en el dinero. El tejemaneje del dinero, fluido hasta hace unos años, de pronto se atasca, se bloquea. Y todo tiembla. Los unos porque no van a ganar tanto como pensaban. Los otros porque pierden lo que no tuvieron nunca. Y los que administran porque viven del cuento (el cuento es el sistema).

Por sistema yo no juego a ninguna especie de lotería. Por una razón: porque me espanta que pueda tocarme el gordo. Manera de evitarlo: no jugar. No quiero correr ese riesgo. No quiero verme, de la noche a la mañana, convertido en rico. Lo que desencadenaría en mi vida, y en mi mente, una catástrofe, una auténtica crisis. Una crisis de verdad: de valores, de convicciones, de principios. Esas son las auténticas crisis.

La crisis de un sistema aberrante, gobernado por el mercado y suscrito por los poderes fácticos y por los medios que los airean (si para bien o para mal, no importa, pues los airean) no es con propiedad una crisis. Es más bien un fracaso, un craso error, una bancarrota anunciada, el desenlace (liberador, como todos ellos) de una torpeza descomunal, de un juego perverso. El despertar de una pesadilla.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

JAULA

La jaula impide a mi canario volar. Todas las jaulas. Y a la vez le protege. Todas las jaulas. No parece que él lo deplore. Por lo que canta y cómo canta parece feliz, aunque no vuela. Se siente protegido. Canta cuando oye a Haydn. Canta cuando escucha la aspiradora. Pero, sobre todo, canta cuando se aplaude. El aplauso es el motor principal ¿ama la fama? que mueve su impulso canoro.

Entre protección y vuelo, acaso incompatibles, no es fácil elegir. Todo lo que nos asegura (si de seguridad, siempre relativa, siempre amenazada, cabe hablar) nos corta las alas. Todo vuelo es inseguro. Y toda seguridad impide el vuelo (salvo al pensamiento, que vuela "su l'ali dorate".

sábado, 4 de agosto de 2012

LAS COSAS

He leído un bello soneto de Jorge Luis Borges titulado "Las cosas". Y se me ocurre: ¿por qué suponemos que las cosas, aun siendo sabidas, no saben? ¿Porque no contestan? Y ¿por qué el que sabe, o lo que sabe, se supone que ha de contestar? ¿Y si saben y no contestan?

Prejuicio es del ser humano, más dotado para el prejuicio (los tenemos todos) que para el juicio (más escaso), que el que sabe contesta. Es decir, que el que sabe hace saber que sabe. Y dice lo que sabe, o más bien lo que cree que sabe. Quizá porque, en su precaria sabiduría, sabe diciendo. Y más que decir lo que sabe, cree saber lo que dice. O que diciendo acabará por saberlo.

Pero ¿quién negará que pueda haber y haya (pruebas hay de ello) un saber silencioso, saber que no dice, ni se sustenta en lo que dice, y que ése pueda ser el callado, mudo, saber de las cosas? Un silencio quizás involuntario, no heroico, sin matiz ascético, sin hábito (del que no hace al monje) visible y áspero.

Silencio sin más, natural, que ni clama ni reclama. El silencio sabio de las cosas que (dice el poeta) "nos sirven como tácitos esclavos". Tácitos. "Ciegas (él lo era) y extrañamente sigilosas". Desde luego, el sigilo es extraño (y hoy más que nunca). "No sabrán nunca que nos hemos ido" acaba diciendo el soneto. ¿Seguro? "¡Cuántas cosas...!". "El bastón, las monedas, el llavero..." empezó diciendo.



IRONÍA Y MAYÉUTICA

La ironía (dar a entender lo contrario de lo que se dice, según el DRAE) y la mayéutica (ayudar a que el otro saque afuera lo que lleva adentro) son algo más que dos métodos socráticos para un diálogo inteligente (de no serlo, no sería diálogo). Son los fundamentos de dos estrategias radicales del lenguaje.

Creer que uno dice siempre lo que quiere decir es ingenuo. Además es imposible. Y hablar por hablar, aun siendo usual, carece de sentido. Es un puro desperdicio. Y de lo más valioso que tenemos, que es nuestro tiempo. La ironía reconoce los límites del lenguaje. La mayéutica le saca provecho. El habla irónica suele ser sabia. El habla mayéutica puede ser productiva, y tal vez creadora.

Estadísticamente puede decirse quizá que la ironía caracteriza el habla del varón avisado. El habla femenina, por el contrario, tiende al proceder mayéutico. Es inquisitiva cuanto la otra es dubitativa. No nos imaginamos el monólogo de Hamlet en boca de una princesa. Ella es realista cuanto él se recrea en la ficción.

¿Qué es el arte sino una broma seria? Y ¿qué es el diálogo sino la práctica natural y el ejercicio necesario del lenguaje? Que los fundamentos de uno estén en las estrategias del otro es de una aplastante, o mejor, sustentante lógica. Tal para cual. Las reglas son comunes. El diálogo es el manual para el usuario de la lengua. Y su puesta en escena. Entre paréntesis, no hay monólogo que no sea diálogo con uno mismo.

Tomarse en serio la lengua, por otra parte, es desconocer sus límites y desaprovechar sus ventajas. Es renunciar además al gozo que procura. Hablar en serio es ridículo (un ridículo en el que incurre a diario el animal político). Es como jugar en serio. Una pérdida de tiempo... y de todo.

De hecho, el hecho de hablar no es serio. Serio es solo el silencio. Romanza sin palabras. Schönberg creyó lo contrario. Pero se equivocaba. ¿Hay algo más ridículo, por ejemplo, que una palabra de honor? En ello estoy con el viejo gordo Sir John Falstaff.

jueves, 14 de junio de 2012

IDEAS E IDEALES

Estadísticamente hablando (y es el único modo de generalizar sin tergiversar) la derecha de este pais se caracteriza porque, siendo paleta, se enorgullece de serlo. "A mucha honra", se dice. Y es un dicho que retrata el susodicho percal. Paletos a mucha honra. El honor es lo que cuenta y lo que les importa. No son las ideas, casi siempre tendenciosas, cuando no nefastas, lo que les mueve y llena de entusiasmo, sino los ideales: el honor en primer lugar, la patria, la raza, la herencia, la clase... Ideales que son valores, abstractos como es debido, elevados como se los supone, inefables como es de desear.

La izquierda de este mismo país no es menos paleta. Pero, para empezar, se avergüenza de serlo, lo asume y, en consecuencia, se esfuerza por superar ese estado deficitario de ideas. En el peor de los casos, finge saber lo que no sabe y se da un lustre postizo que a más de uno puede dar el pego. En el mejor, trabaja para enriquecer su espíritu, ya que (o cuando) no su bolsillo. En cualquier caso no suele alardear de ignorancia.

Las ideas son para los pobres, que las ensayan y ponen a prueba para desde ellas fabricar su supervivencia. A los ricos, que todo les sobra, les sobran ¿cómo no? las ideas. Y las desdeñan. Ellos se apuntan a los ideales, cuya rentabilidad práctica es menguada, pero cuyo ornamento es indiscutible. Ideas no, ideales. "Al rey la hacienda y la vida / se ha de dar, pero el honor / es patrimonio del alma / y el alma solo es de Dios".

domingo, 3 de junio de 2012

TIEMPO

"El tiempo es oro", dice un refrán castellano. Menos retórico y más pragmático, "The time is money", asegura el aforismo inglés. Ambos, pues, coinciden en la ponderación de su alto valor. Robar, por eso, el tiempo ajeno es grave delito. Ahora bien, un hurto cualquiera solo se perdona si el ladrón restituye lo robado. Pero ¿puede el ladrón restituir a su propietario el tiempo que le ha robado? El tiempo e irrecuperable. De donde se deduce que devolverlo es imposible. En consecuencia, esta especie de hurto es imperdonable. Es imperdonable que se nos robe esa joya preciosa, única y estrictamente personal, que, para cada cual, es su tiempo.

El tiempo es más que oro reluciente y mucho más que sucio dinero. El tiempo es vida. Tu tiempo es tu vida  Y tu vida es tu tiempo. Quien te roba el tiempo te roba la vida.

En tanto tu tiempo es tuyo, tú decides de su empleo. Si otro decide por tí, tu tiempo deja de ser tuyo. Te lo han robado. O acaso tú lo entregaste (con engaño). El adicto a unas y otras pantallas se deja robar el tiempo. Entre tanto, quienes se lo roban hacen su agosto. De ahí que la impuntualidad sea práctica común en los programas de las TV. Si tú me has entregado tus 24 horas ¿qué más da que yo me demore, o que te entretenga a cada dos por tres? Entretener es robar (el tiempo). Sin derecho alguno a restitución. Como lo es distraer. El mercado cambia los productos de sitio para, entreteniendo y distrayendo, vender.

Su negocio es nuestra ruina. Ellos ganan (o pierden). Tú solo ganas lo que en cualquier momento puedes perder y pierdes en cambio lo que no podrá jamás recuperar. Que se lleven tu dinero es lo de menos. El tiempo que te hacen perder vale mucho más. Al menos para tí. Y solo para tí. Los proverbios aludidos creen encarecer (dinero, oro) el valor del tiempo, pero lo deprecian. Vale mucho más. Tu tiempo eres tú.

miércoles, 2 de mayo de 2012

ACTUALIZACIONES

Cuesta tanto ponerse al día, actualizarse, que, cuando uno lo logra, es otro día. Y otro el juego. Con lo que uno siempre está fuera de juego. Eso sí, actualizándose. No hay actualidad, sino actualización. Lo mismo que no hay objetividad (Heidegger), sino objetivación. Si Aquiles (Parménides) no alcanza a la tortuga, ¿cómo atrapar el instante, que huye con el tiempo? Actualícese. Y mientras tanto, la actualidad será otra. Y lo de menos es que, actualizándonos, nos perdemos la actualidad, que discurre por sí misma en tanto que nosotros discurrimos por las rutas de la actualización. Lo grave es que el acto se me escapa mientras me actualizo. Que para salir al paso de lo que está pasando no me entero de lo que pasa. Hurra.